El síndrome del S.A.P.O. agrupa cuatro actitudes que nacen de un ego desmedido y que resultan profundamente destructivas:
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Soberbia: Sentimiento de superioridad y deseo excesivo de ser preferido por los demás. Es la raíz interna del síndrome y suele traducirse en un trato despectivo.
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Arrogancia: Actitud altiva y jactanciosa de quien se cree superior, desprecia las ideas ajenas y carece de humildad.
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Prepotencia: Un nivel más grave: el abuso o alarde del poder o la autoridad, imponiéndose como superior en sabiduría o posición.
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Obstinación: Terquedad extrema e incapacidad de cambiar de opinión, incluso frente a evidencias claras en contra.
En síntesis, el síndrome del S.A.P.O. representa trampas del ego que alejan a las personas, frenan el crecimiento personal y generan conflictos. No es casualidad que este "síndrome" se observe con mayor frecuencia en entornos de poder y, especialmente, en los liderazgos políticos de los siglos XX y XXI.
Estas son las características de EGOs jóvenes. Cuando ya se han aprendido ciertas lecciones sobre el Poder, entendemos que este es sinónimo de servicio y amor. El Sol ilumina con el mismo magno calor tanto al trébol como a la araucaria, cada uno de ellos toma de su vitalidad tanto como necesita. El Mesías Logos del Sistema vino a darnos vida y ejemplo de servicio; "El mayor de ustedes tiene el deber de cuidar sus hermanos menores".
Por otro lado es bueno recordar la lección de Ícaro. Este no estaba consciente que ir más allá de los límites de su vehículo le traería las consecuencias ya muy discutidas en la fábula que aborda el desafío al Poder, o sea, las consecuencias de la arrogancia y vanagloria.