La ética masónica es un faro que ilumina el camino del masón, guiándolo hacia la virtud y la moralidad. En el capítulo correspondiente del "Manual del Masón", se destaca la importancia de la ética en la vida del masón, no solo como un conjunto de reglas y principios, sino como una forma de vida que permea todos los aspectos de su existencia.
La ética masónica se fundamenta en la idea de que el hombre es un ser moral, capaz de distinguir entre el bien y el mal. Esta concepción del hombre como un ser moral es la base sobre la que se edifica la ética masónica, que busca guiar al masón hacia la realización de su verdadero potencial como ser humano.
En este sentido, la ética masónica no se limita a una serie de reglas y principios abstractos, sino que se manifiesta en la vida cotidiana del masón, en sus relaciones con los demás, en su trabajo y en su compromiso con la comunidad. La ética masónica es una forma de vida que busca transformar al masón en un ser más virtuoso, más compasivo y más justo.
En última instancia, la ética masónica es un llamado a la reflexión y a la acción. Es un recordatorio constante de que, como masones, tenemos la responsabilidad de vivir de acuerdo con nuestros principios y valores, y de trabajar hacia la creación de un mundo más justo y más equitativo para todos.
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