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La política, una vieja pasión

La política, una vieja pasión

Por Q∴H∴ Manuel Giannini Urrutia

Profesor de Estado, Magister Artium

2comentarios
Reflexiones sobre la política como espacio socialmente compartido y la construcción de una sociedad democrática

El presente artículo fue publicado en el diario La Época de Santiago de Chile, sin las referencias actuales.

Muchos son los ríos de tinta en donde ha navegado el ingenio humano tratando de llevar la política a una ciencia, filosofía, arte, técnica o brujería propia de iniciados. Son bastantes los que la han definido como un género, y ella se transforma en mujer, pasión solamente de los hombres,En Chile las mujeres votaron por primera vez en elecciones municipales en 1935 y el sufragio femenino universal se concedió en 1949. que brinda sus encantos a pocos y obnubila a muchos.En Chile desde 1826 a la fecha son 34 personas que han ocupado el cargo de Presidente, solo una de ellas es mujer.

Intentaré definirla como el lugar del espacio-tiempo socialmente compartido, por hombres que se miran a la cara y se reconocen como hermanos, dueños de un mismo destino que deben construir juntos.

Un grupo humano que se construye como sociedad, en un espacio-tiempo socialmente compartido, tendrá muchas opciones, pero para mí la mejor es lejos la democracia.Platón y Aristóteles distinguen tres tipos fundamentales de constitución: La monarquía o gobierno de uno solo; La aristocracia o gobierno de los mejores; La democracia o gobierno de la multitud. A estos tres tipos corresponden otras tantas degeneraciones, cuando el gobierno descuida el bien común en favor del bien propio de un segmento de la población. Una democracia sin apellidos, con todos los sinónimos positivos de bien común, libertad, dignidad y muchos más, pero con el norte puesto en la esperanza de ser una comunidad de personas. Para ello, nuestro hacer socialmente compartido debe tener algunas de las siguientes características:

  • La política no lo es todo, pero está en todo.
  • Es una responsabilidad poner fin a una sola significación para ella, no por decreto, sino mediante un proceso constructivo socialmente compartido.
  • Es nuestra obligación construir reales intentos para terminar con los "únicos espacios para hacer política"; además, se debe marcar en forma clara el ocaso de un solo actor que la protagonizó.

El acto de mirarnos a la cara debería empezar de la siguiente forma:

  • Perdiendo los límites de una actividad especializada que gira en torno a los aparatos institucionales, tanto del partido como del Estado.El Estado es una comunidad que no sólo tiene en cuenta la existencia humana, sino la existencia material y espiritualmente feliz, por ello, es necesario tener en la mente un gobierno no sólo perfecto, sino también realizable y que pueda fácilmente adaptarse a todos los pueblos. Aristóteles. La Política. Iv,i.1288b
  • El camino natural, nuestra nueva forma de hacer y construir, es hacia las prácticas sociales, porque los procesos de democratización social están en marcha.
  • Además, se debe empezar a perder, definitivamente, el sentido de acción reducido a parámetros determinados por los movimientos de los otros.

Todo esto del construir y mucho más, se logrará si a través de la acción concreta y diaria se expresa, en forma genuina, la densidad de identidades de las personas. Es por ello entonces que nos debemos lanzar todos, la sociedad democrática que busca construirse como comunidad de personas, en dirección a la construcción de los paradigmas históricos concretos que requiere con urgencia el funcionamiento de la comunidad. Los límites al hacer político deberán ser revisados en forma permanente, a partir de la politización de lo cotidiano.

El análisis histórico renovado nos debe indicar cómo y hasta dónde se expanden y se restringen los nuevos límites del quehacer político. Se deben revalorizar las identidades sociales que existen y conviven al interior de la comunidad. En forma permanente debemos estar alertas frente al despliegue de heterogeneidades, ante las supuestas y autoimpuestas misiones teleológicas de ciertos grupos, clases, partidos, o frente a algunas formas negativas de clase centrismo.

La sociedad que estamos construyendo, a partir de nuestra nueva y eterna pasión por la política, nos debe llevar necesariamente a lo siguiente:

  • Un nuevo tipo de agrupamiento social, en donde la idea de cambio se genere en forma continua, mediante proyectos que se reconozcan y que bajo el concepto de lo general no se aplasten los proyectos particulares.
  • A reentender la sociedad como una construcción positiva y no como una lógica destructiva de antagonistas.
  • La responsabilidad de la construcción del lugar del espacio-tiempo socialmente compartido debe plantearse umbilicalmente ligada a formas de pacto social, en todos los pasos y niveles de la estructura de la sociedad. La persona que desempeña la acción -porque el acuerdo social para el ejercicio de una política no destructiva finalmente tiene un ejecutor plenamente identificado- debe ser reconocida por la sociedad, en tanto que él mismo reconoce a los otros, y todos sin distinción se miran al rostro como una unidad y se reconocen como hermanos.
  • La concepción de Estado, organismo burocrático y autoritario, único poseedor de la violencia sistemática y despótica con un manto de legalidad, en contra de la sociedad, beneficiando a segmentos muy reducidos de ella. Es y debe ser una línea de pensamiento que nos tenemos que replantear con una valoración y conceptualización de la sociedad civil, en la evidencia de que la sociedad que se construye como comunidad de personas puede y está en su legítimo derecho de buscar nuevas certezas para una gobernabilidad de sí misma.Para Platón: La filosofía tiene como objetivo llevar a los hombres a una vida en común, fundada en la justicia.

Q∴H∴ Manuel Giannini Urrutia

Profesor de Estado, Magister Artium

Comentarios

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V
Vitruvius
2 de enero de 2025
Me parece fundamental la idea de que la democracia, despojada de apellidos y de ataduras a intereses particulares, debe ser el horizonte de nuestra convivencia. No por una fe ciega en sus formas, sino porque encarna la posibilidad de que cada uno de nosotros participe, desde su identidad y experiencia, en la tarea de edificar comunidad. La política, entonces, deja de ser un juego de élites o un campo de batalla de antagonismos -de izquierdas y derechas, de rojos y azules- para convertirse en el ejercicio cotidiano de reconocernos y construir juntos.
R
Rodrigo Jaidar
2 de enero de 2025
La política, tan de la mano con la sociedad, su historia y evolución, son siempre acompañados por definiciones propias de los estados qué transita, y que, desde lo óptimo como “estado o/y sociedad democrática” pasa de acuerdo a la situación imperante a: democracia 👉autoritaria, revolucionaria, oclocracia, oligárquica, timocracia, cleptocracia, en fin…. Hasta estados demócratas con inspiración masónica.